A estas alturas de la vida tengo muy claro que en política prácticamente todo es posible, ya sea pactos contra natura o, como ahora es el caso, presidentes socialistas que muestran su fervor por símbolos nacionalistas. ¿Serán los efectos del poder?
Yo sigo con mis tesis: que haga todo el mundo lo que quiera, mientras nuestra sociedad no salte por los aires. No seré yo quien se queme defendiendo tales o cuales ideas.
De Lavanguardia.es del día 2 de julio de 2010:
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