ESPAÑA
«El Estado de las Autonomías necesita un gran Pacto de Concordia»
«Mejor que profundizar en más competencias, quizás es un buen momento para parar, templar y mandar», asegura Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, en esta entrevista de ABC
Día 04/07/2010
. JAIME GARCÍA
El presidente extremeño en la sede de la Junta en Mérida
—¿Cómo valora el fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut catalán?
—Es incuestionable que por algún lado tenemos una laguna. No puede que ser que se haya podido desarrollar un Estatuto, que se aprueben leyes, normas y que cuatro años después estemos en una situación tan complicada. No se trata sólo de que determinados artículos sean o no inconstitucionales, sino de quién interpreta hora todo lo que se ha hecho ya como consecuencia del desarrollodel texto estatutario. Además es la primera vez que algo que ha sido refrendado, objeto de referéndum, en parte es anulado, y por eso hemos de hacer un esfuerzo por ponernos en la piel de los ciudadanos que un día metieron una papeleta en una urna pensando que aquello era definitivo y se han encontrado con que no era así.
—¿Qué consecuencias puede tener esta sentencia?
—No estoy entre aquellos que quieren aprovechar la sentencia para poner en un brete todo lo que representa el Estado Autonómico, ni entre aquellos que a partir de ahora tienen una magnífica disculpa para ratificarse en sus deseos independentistas. Yo estoy en esa centralidad en la que creo que están muchos millones de españoles de izquierdas y de derechas, esa centralidad que en estos momentos debemos poner en valor.
el mejor ejemplo de para lo que ha servido la España de las Autonomías es Extremadura. Aquí, en 1982 teníamos el 80 por ciento de los ciudadanos analfabetos o con estudios primarios, y 28 años después cerca del 60 por ciento tiene estudios medios y superiores. Por eso no podemos aprovechar la sentencia para castigar el hecho autonómico sino para reflexionar sobre él, sobre su evolución, y poner de manifiesto que se ha producido un avance innegable
¿En qué dirección debe ir esa evolución?
—Estoy con esa gran parte de españoles que opinan que mejor que seguir profundizando en más y más competencias, quizás es un buen momento para parar, templar y mandar. Para afrotar un gran Pacto de Concordia, que es necesario. Hubo un pacto en la Transición para iniciar este proceso por qué no lo puede haber con esta generación distinta de políticos. Antes de seguir avanzando vamos a analizar si todo lo estamos haciendo bien porque puede ser que haya ciudadanos que digan: ustedes quieren más competencias, más autogobierno..., pero a m me están complicando la vida.
—in embargo, todo indica que se va ir en sentido contrario si nos atenemos a lo dicho por el presidente del Gobierno y por las interpretaciones del Gobierno de Cataluña.
—Yo creo que profundizar en la autonomía y defender la España Autonómica no es solo atribuir más competencias.
—¿Esto quiere decir que el Constitucional en los recortes que ha dado el Estatut, ha salvado cuestiones que afectan al modelo de Estado?
—Viene a decir que esto hay que interpretarlo de esta manera para er fieles a aquello que se decidió en 1978. Entonces los padres de la Constitución se guardaron cosas. Unos el marxismo, otros el independentismo, otros la nostalgia, y se hizo una Constitución con la que sabíamos de dónde partíamos pero no dónde podíamos llegar. El Estado se estructuró en gobierno, comunidades autónomas y corporaciones locales. El Estado somos todos, yo soy el representante del Estado en mi comunidad y ahora hay que hacer un esfuerzo de simplificación de las estructuras administrativas.
A pesar de que el Gobierno central ha ido perdiendo competencias, se han mantenido unas estructuras que en un pacto de lealtad podrían ser compartidas o delegadas.
—¿Eso cómo se hace?
—Con ese Pacto de Concordia.
—Pero en la práctica, ¿eliminamos diputaciones, delegaciones provinciales...?
—No se trata de eliminar las provincias, que están en la Constitución. A lo mejor, en vez de tener una delegación territorial de la Autonomía en la provincia, esa debe ser la diputación, o al contrario. Pero no agrediendo; lo que hay que hacer es repensar el esquema global.
—¿Eso lo piensa así porque en Extremadura no hay fuerzas nacionalistas?
—Es mi visión de lo que compartimos que se llama España y porque todo lo demás no nos lleva a ninguna parte, y además es la opinión de muchísimos españoles. Pongo por ejemplo las licencias de caza y pesca. En este país no puede haber personas que tengan que llevar en la cartera diecisiete licencias para poder cazar y pescar en toda España. Si eso no somos capaces de hacerlo bien, hemos fallado a lo que nos hemos dado, le estoy complicando la vida a la gente. Qué tiene que ver con ello mi sentimiento extremeño, o el de ser catalán o valenciano. Y, cuidado, porque todo esto también podría producir una desafección con el hecho autonómico.
A veces hemos caído en el absurdo y entonces hay que hacer una apelación al sentido común. Eso no significa ser más español, menos español, ni más más autonomista ni menos; significa que quiero un país con sentido común en el que se ponga el interés general por encima del individual. Eso exige concordia.
—¿Se puede decir que desde aquel gran pacto del 78 hemos estado atados por los nacionalistas?
—Ha ocurrido de tiempo en tiempo que para formar gobierno se han necesitado alianzas, y como decía Rodríguez Ibarra, en España el Congreso es el Senado y el Senado no se sabe lo que es. Eso ha hecho que en donde se debería discutir de lo que es de todos no se hace y donde se debería discutir lo de cada uno se hace lo mismo que en el sitio anterior. Estamos como si la única manera de construir este país fuera trocearlo más.
—¿Habría que cambiar la Ley Electoral para eliminar esa hipoteca?
—Desde Extremadura lo hemos planteado en el sentido de que no parece justo que el que tiene un millón de votos tenga menos
diputados que quien tiene trescientos mil. Si queremos que el Congreso sea un fiel reflejo de lo que es la ciudadanía alguna cosa habrá que hacer. Hay quien puede pensar que esto es una agresión, pero hay que intentar desarrollar un esquema en el que todo el mundo se sienta igual, y en ese contexto podemos ser capaces de alcanzarlo con independencia de que hay que respetar que cada uno se pueda sentir español como quiera. Cuando el constituyente dijo que en España había nacionalidades y regiones, dijo que había dos cosas, dos velocidades y la evolución de los hechos nos ha llevado hacia la España de las Autonomías. ¿Era eso lo que se planteó? No lo sé, pero alguien tendrá que explicar por qué se decidió que en España había regiones y nacionalidades.
—¿Ese pacto autonómico al que se refiere tendría algo que ver con un gobierno de coalición? ¿Se podría plantear con el PSOE actual y con el PP actual?
—Yo no entendería un gobierno de coalición porque es imprescindible el beneficio del gobierno y el control del gobierno. La democracia no es sólo el gobierno de las mayorías, es también el control al gobierno de las minorías, y no veo que pudiera ser una salida.
—Y el gran acuerdo autonómico, ¿podría ser con un partido que está por profundizar en esa deriva autonómica?
—Vamos a ver si el plantemaiento de mi partido de profundizar en el estado de las Autonomíaas no lleva consigo la cooperación entre las comunidades, porque nostros lo hemos hablado a nivel interno. Somos gobiernos de cada comunidad pero nos corresponsabilizamos del gobierno común.
Sentémonos a hablar de los problemas reales porque hay veces que abrimos un abismo político y ese abismo no está en la calle. Al ciudadano extremeño que ha ido a operarse a Barcelona le da igual quien gobierne, lo que quiere es que las cosas funcionen.
—¿Le parece lógico que no haya una remodelación de Gobierno de Rodríguez
Zapatero?
—Yo soy presidente de una Comunidad y aquí también me dicen que debería cambiar mi Gobierno, por eso me cuesta mucho decirle nada en este sentido al presidente del Gobierno de España. Hay que dejar al presidente dirigir este país. Podemos entrar en que si lo que estamos haciendo lo deberíamos haber hecho antes —aunque eso sólo nos conduce a la melancolía—, y también en qué es lo que el presidente hace que otros harían de forma distinta. Que lo digan, y si no lo dicen hay que dejarlo gobernar. En su momento, con las elecciones la gente aplicará las consecuencias.
—A su juicio, ¿cómo se está afrontan do la crisis económica?
—Desde el año 2000 los ingresos públicos evolucionaron por encima de los dos dígitos, todo creció. Los ingresos coyunturales los transformamos en gastos estructurales. Durante ese tiempo se transfiere la Educación y la Sanidad y se aprueba la Ley de Dependencia. Todo implicaba gastos y ahora hay que desmontarlo sin tocar la Educación, la Sanidad y la Depedencia, porque son elementos que nos igualan. Alguien tiene que decir cómo sin tocar eso somos capaces de equilibrar las cuentas públicas.
— ¿Y cómo se hace?
—Gobernando, dirigiendo y tomando decisiones.
—Eso es teoría.
—Yo no tengo el dinero que tenía para inversiones ni lo voy a tener nunca, y tengo que decidir entre el aula y desdoblar la carretera. Elijo el aula y digo claramente que el plan de infraestructuras no lo vamos a poder cumplir. Es priorizar el gasto. A través de internet he conseguido relacionarme con 75.000 personas, y he podido decirle a la gente que, por ejemplo, las ayudas a la natalidad no las puedo dar, pero sí que se mantienen el pediatra y los maestros. Sin engañar ni contar milongas, y la gente lo entiende. Estamos ante lo que yo llamo la hora de las verdades. La gente agradece que se le diga
la verdad. No vamos a poder hacer las cosas que hemos hecho antes porque no vamos a tener dinero para hacerlas.
Estoy convencido de que a quien suba a un atril a ofrecer el oro y el moro le van a dar la espalda. No se lo van a creer. Los derechos son muy importantes si están sustentados en deberes, si no dejan cojo a un país. Somos una generación de políticos que nos hemos criado ofreciendo y ahora eso ha terminado.
—¿Va a haber subida de impuestos?
—Si la evolución de la economía en dos años no permite cumplir el objetivo de déficit sólo con el ahorro de gasto, probablemente habrá que hacerlo.
—Parece evidente que esa evolución positiva de la economía no va a producirse.
—Muy probablemente, así será.
—Los socialistas catalanes han convocado una manifestación contra la sentencia del Estatut y en el Ejecutivo de Zapatero hay destacados miembros del PSC, ¿cómo ve esta situación?
—Nosotros tenemos nuestros problemas, pero somos el único partido que ha gobernado en el conjunto de las Comunidades, no hay solución en este país sin el PSOE, ni al Estado Autonómico ni a la crisis, ni a la convivencia... Claro que tenemos nuestras dificultades, porque en el caso de Cataluña se esta vinculado a un partido diferente. Yo siempre me he propuesto no fomentar la catalanofobia, hay que construir desde la concordia y la cordialidad. En el partido tenemos opiniones contrarias, pero Montilla y yo no discrepamos en la defensa de determinados valores, hay un sustrato que nos hace estar juntos y no es el interés electoral, lo estamos porque compartimos muchas cosas. El socialismo no es extremeño ni catalán, yo comparto la visión universal del socialismo; ahora él preside un gobierno que tiene determinadas maneras de entender la construcción de la España autonómica y yo puedo tener otra que no es igual. ¿Cuál se ha de imponer? Seguramente ninguna de los dos.
—De cara
a las próximas elecciones autonómicas y locales, ¿considera que la marca Zapatero tiene un punto más de lastre que el que tenía hace tres años?
—En un partido que tiene ciento treinta años de historia la marca es el propio partido. Los votos los consigue el partido, aunque nos dan más importancia a las personas. Zapatero vendrá a Extremadura siempre que él quiera y será recibido con los brazos abiertos porque es el presidente del Gobierno de mi país y el secretario general de mi partido. Era muy bien recibido cuando todo iba bien y me parecería una profunda deslealtad hacer lo contrario.
—En la España de las Autonomías, el agua se ha convertido en un elemento de confrontación y ahora algunos miran hacia a Extremadura como una gran reserva.
—La gente te puede disculpar que te equivoques; lo que no nos perdona es la incoherencia. Cuando yo he defendido que estoy dispuesto a hablar de todo lo que cohesione este país, es así. Cuando hemos recurrido los estatutos de Castilla y León y de Andalucía porque se atribuyen competencias exclusivas en el Guadalquivir y en el Duero, no es un problema de cantidad, es de principios. Si a este país lo cohesionan las insfraestructuras, la energía y el agua, eso son competencias del Gobierno de España.
—Pero la guerra del agua está ahí, con grandes pugnas entre Comunidades.
—Si yo digo que el agua que tengo es sólo mía, otros pueden decir que los impuestos que pagan son solo suyos. Entonces nos encontramos con que los no nacionalistas hacemos discursos filonacionalistas. Debemos plantearnos qué es lo qué tengo, qué necesito y qué puedo compartir. En ese escenario yo no me puedo negar a hablar, aunque haya tenido que decirles a los regantes que si nostros decimos que el agua es nuestra otros van a decir que otras cosas son suyas y entonces este país no hay quien lo gobierne. Con ese horizonte, estamos haciendo un estudio de nuestras necesidades por
un acuerdo de todas las fuerzas políticas; por si algún día nos vienen a preguntar.
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